Cuando la polémica parecía cerrada por ambos equipos, el comité antiviolencia decide reabrirla pidiendo una sanción para José Mourinho y Manolo Preciado. Seguramente esto quedará en nada, y aunque quede en algo, lo único que consiguen es que se deje de hablar de fútbol otros dos días.
Dicho esto, hay que decir que las reacciones a la noticia han sido ante todo sorprendentes. No en Gijón, que Preciado, una vez se ha dado cuenta de que se le fue la boca entrando al trapo de Mourinho, se ha limitado a decir que se trataba de un asunto zanjado y que no ve razón para reabrirlo. Pero en Madrid no ha sido así, y han decidido hacernos creer que Mou es una víctima de todo esto, expresando ayer su indignación al ver que se trataba de la misma manera a su “santo” entrenador que al “provocador” de Preciado.
Interpretaciones sobre las declaraciones de ambos entrenadores hay muchas, pero lo que dijeron está claro. El portugués acusó al sportinguista de haber regalado el partido ante el Barcelona, y este último le respondió llamándole “canalla y mal compañero”. Es verdad que el único que insultó fue el cántabro, pero estoy seguro que cualquier entrenador prefiere ser acusado de canalla que de regalar los partidos a sus rivales. Y en el Madrid quieren hacernos creer que lo de Mou no es una acusación sino una apreciación de la realidad.
Lo asombroso aquí es que se pinte a Mourinho como víctima, cuando ha sido él quien originó la polémica. El tema es que Preciado picó el anzuelo, algo que no había hecho nadie en lo que llevamos de temporada. El técnico madridista lo había intentado muchas veces, como con el Getafe, con Allegri, o con Guardiola y sus jugadores cada semana. La novedad aquí es que el pez haya picado el anzuelo.
El Real Madrid y, sobre todo, sus medios afines están haciendo un flaco favor a su imagen. Una imagen perfectamente trabajada durante cien años, consiguiendo ser el club más grande de la historia por títulos y señorío. Personas como Santiago Bernabeu, Di Stefano, Gento, Santillana, Del Bosque o el mismo Raúl hicieron del Madrid algo grande. Pero parece que los actuales dirigentes están dispuestos a hipotecar esa historia con tal de conseguir títulos de nuevo y parar la racha de triunfos del Barça. Apuestan todo lo que tienen a la carta de Mou.
Por otro lado, los medios de comunicación que se quejan del trato al Madrid en los diversos campos de España no se dan cuenta que son ellos mismos, con sus portadas y editoriales, los que más antimadridismo generan en nuestro país.
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